Insistir en el periodismo en México

Editorial

Textos de periodistas, académicos, artistas y activistas que trabajan por la defensa los derechos humanos en México.

Martín Durán Romero

Periodista / Defensor por la libertad de expresión

Hace casi 4 años, el 2 de abril de 2014, escribí un artículo dedicado a mi colega Alfredo Jiménez Mota (1980), desaparecido por el narcogobierno de Sonora en el año 2005 en la ciudad de Hermosillo, en el noroeste desértico de México, el cual concluía con las siguientes líneas:

“Siempre he pensado que el caso de Alfredo Jiménez es la representación de la tragedia del periodismo mexicano. Yo, por mi parte, sueño con sobrevivir a estos tiempos convulsos, salir indemne de este oficio que me mantiene en el fuego cruzado. Si por algo no me amilano, es por la memoria de Alfredo. Quizá él en donde esté no hubiera querido que nadie abandonara el oficio nada más por miedo.”

Cuando salí de Sinaloa huyendo de la violencia de los cárteles y sus fantasmas, tras el asesinato del camarada periodista Javier Valdez Cárdenas, fundador del periódico Ríodoce, en mayo de 2017, me planteé seriamente abandonar el periodismo para siempre, y en las noches amargas del exilio mexicano, fueron las anteriores líneas las que me hicieron comprender que aún no estaba listo para la derrota total. Fue la revelación de que el reportero que era yo le decía al actual que era momento de recuperar viejos anhelos de una juventud disipada.

El camino no se ve fácil para nadie en México. Sobre todo, en un país en donde los últimos 5 años han asesinado a 40 periodistas, el último muerto a cuchilladas apenas el pasado 13 de enero en la ciudad de Nuevo Laredo, Tamaulipas. Un país que permanece en la lista negra como uno de los más peligrosos para ejercer el “oficio más hermoso del mundo”, como llamó Gabriel García Márquez al periodismo. Un país que en los últimos 11 años suma más de 230 mil homicidios, según cifras oficiales, y más de 30 mil desaparecidos en una guerra invisible que el Estado mexicano le oculta a la comunidad internacional. Un país donde la prensa vive y riñe por el erario público que recibe en forma de publicidad, y donde cada vez la idea de justicia se vuelve más remota, perdida ahora en la locura de las campañas políticas para renovar la Presidencia, el Congreso de la Unión y algunas gubernaturas.

 

Entonces, ¿por qué insistir en hacer periodismo con condiciones tan adversas? En lo personal para salvaguardar la memoria, para contar la realidad en la medida de lo posible, relatar las historias que un día las futuras generaciones reclamarán como suyas y que necesariamente tendrán que verse reflejadas como un espejo, pase lo que pase en el futuro con esta civilización. Porque además, dejar de contar las historias es estar de verdad derrotados, condenados al olvido.

Claro, aunque en el oficio periodístico hay egos y mezquindades, voracidad por obtener prebendas, también es cierto que existe una solidaridad y una empatía que permiten continuar caminando en la vida profesional, y hacer el camino más liviano. A pesar de que las condiciones en muchas regiones de México son brutales, a los reporteros les surgen más ganas de contar las cosas que de quedarse en casa. Sin embargo no implica que muchos colegas, sobre todo los jóvenes, terminen decepcionados de los malos sueldos, la inseguridad y las limitaciones para hacer periodismo, y opten por dedicarse a otra profesión. Es muy comprensible. Otros más deciden pedir trabajo a las instancias de gobierno en busca de estabilidad económica.

Tras el asesinato de Miroslava Breach Velducea en el estado norteño de Chihuahua el 23 de marzo de 2017, sobrevino un velo de silencio en esta provincia mexicana acompañado de exilio y temor. Hoy por hoy, se trata de conformar un colectivo que impulse de nueva cuenta el periodismo en investigación sin morir en el intento.

Lo mismo en Culiacán, Sinaloa, de donde soy originario. El asesinato de Javier Valdez dejó profundas secuelas en el gremio, pero aún así las trincheras no están vacías. Hay colegas que informan desde la primera línea de fuego (mientras escribo estas líneas me informan de al menos 3 tiroteos en la ciudad), y contra viento y marea mantienen informada a la población… ¿cómo explicar esto, la insistencia de informar, de reportear, de hacer periodismo?

Cada que pienso en lo anterior recuerdo al colectivo de periodistas desplazados que viven bajo el Mecanismo de Protección a Periodistas y Activistas de la Secretaría de Gobernación en México, y de las ganas de cada uno de estos reporteros de seguir escribiendo, de publicar e idear proyectos nuevos aun en medio de amenazas. A pesar de que la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV) los tiene en el abandono y por el contrario acaba de recortar recursos (se trata de una de las instituciones más opacas y revictimizadoras del país), aunado a que el Mecanismo no se quiere hacer cargo de la situación de cada uno de ellos, los periodistas siguen publicando desde sus refugios de seguridad. Lo hacen, muchas veces, sin tener un sueldo. Lo hacen desde una simple plataforma de Facebook. En la mañana desde sus móviles u ordenadores parten las historias y las columnas, como botellas al mar que quien sabe si llegarán a sus destinatarios. No hay peor periodismo que el que no se hace, que el que no insiste.

 

Recientemente el periodista Amir Ibrahim, de Cancún, Quintana Roo, parte de este colectivo de desplazados, denunció y llevó a proceso penal al empresario y político Carlos Mimenza Novelo, por amenazas de muerte contra él y su familia a través de llamadas telefónicas y de WhatsApp. Mimenza también amenazó al periodista Pedro Canché, quien fue encarcelado por el exgobernador Roberto Borge, actualmente procesado por desfalcos millonarios al erario de los quintanarroenses. Mimenza, para más señas, es aspirante a candidato a la Presidencia de la República de manera independiente. Y aunque fue vinculado a proceso por un juez federal, sigue buscando firmas ciudadanas que respalden su candidatura. Desde un rincón del país, Amir Ibrahim me ha dicho que luchará en los tribunales para que sentencien a este político mexicano y sentar un precedente: “No se puede amenazar a periodistas o matarlos y que el caso quede impune”, ha dicho. ¿Por qué lo hace aún a riesgo de su integridad y la de su familia? No lo sé, solo sé que es la insistencia de hacer periodismo, a secas.

 

Semblanza:

 

Martín Alberto Durán Romero, nació el 24 de febrero de 1986 en la sindicatura de Costa Rica, Sinaloa, México. Desde el año 2008, es decir, hace 9 años, enfocó su profesión al periodismo en diversos medios de comunicación de su estado natal. En 2010, ingresó al semanario Ríodoce en donde logró conocer temas más a fondo sobre el crimen organizado, así como temas sociales, desplazamiento forzado de civiles, violaciones a los derechos humanos de parte de las autoridades, en donde junto con el equipo del semanario se logró documentar muchos casos de víctimas.

 

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